Operación Porsche: la búsqueda clandestina de las joyas perdidas en Cuba

La isla encierra aún algunos misterios: entre los clásicos almendrones se esconden ejemplares alemanes de los años cincuenta. Con dosis de espionaje, la historia de cómo fueron hallados los últimos Porsches que sobrevivieron a la Revolución Cubana

Cuba encierra secretos. Conserva cierto encanto de lugar enclaustrado, inherente, inmaculado. Esconde una dosis de anacronismo, de espacio físico-temporal que no corresponde a la época. A pesar de iniciar una apertura tibia e histórica, investigar en La Habana una inocente historia de autos perdidos se confundirá con un acto de espionaje. Porsche fue en búsqueda de sus joyas ocultas: una operación de rescate, una aventura de paciencia, secretos de Estado, noticias misteriosas, pocas palabras, largos trayectos por ruta, un túnel al pasado.

El 24 de junio de 1962 perecieron las últimas esquirlas de la Cuba que no fue. Cuatro años después de que los revolucionarios tomaran el poder, los “modestos” Porsches 356 Speedster GT conducidos por Papi Martínez y Eduardo Delgado ganaron la última carrera de autos internacional celebrada en la isla. Cuatro años después de que los rebeldes aprovecharan el Gran Premio de Cuba para secuestrar al campeón del mundo y piloto de Maserati Juan Manuel Fangio, manteniéndolo en cautiverio durante casi 30 horas. Para aquellos años, el Presidente Fulgencio Batista desplegaba atracciones de neón para hacer del país un rincón dorado del jet set.

 

Orlando Morales, el archivero del automóvil en Cuba, orientó la búsqueda de las joyas Porsche

Orlando Morales, el archivero del automóvil en Cuba, orientó la búsqueda de las joyas Porsche

 

 
 
 La historia de ingenuo espionaje la contó Bastian Fuhrmann para la revista Christophorus de Porsche. La “operación rescate” demandó alimentar la confianza de Morales, poseedor de la lista de todos los medios de transporte introducidos legalmente en el país. Ya no existe el Club Porsche de Cuba y los almendrones pintan el paisaje de historia viva. El desfile de autos clásicos es casi una postal turística. Es el museo rodante que sobrevivió a una revolución que progresivamente se enfría. Modelos de estirpe estadounidense Dodge, Pontiac, Cadillac, Chrysler, Ford, Chevrolet, Buick, Plymouth, Packard se pasean cansados por las calles de La Habana. No hay rastros de alemanes vintage.
 

Un Porsche 356 C sin puertas ni faros traseros, síntoma del más cruel abandono

Un Porsche 356 C sin puertas ni faros traseros, síntoma del más cruel abandono

Orlando Morales confiesa que durante su época como piloto de carreras tuvo el privilegio de conducir un Porsche 550 A Spyder: “Tuvo que ser en 1961. Hasta entonces solo solía conducir pesados automóviles estadounidenses de alta cilindrada. Pero este ligero Porsche se conducía como una mezcla entre jet y kart”. En Cuba hay pocos “petrolheads” (definición yankee que reciben los fanáticos de los autos). La pista de Orlando continúa hacia Manuel García Fernández y Alberto Gutiérrez Alonso, presidente del Club de Autos Clásicos y Antiguos. Se había inaugurado una red de búsqueda.

A bordo de un Plymouth los investigadores atraviesan portentos arquitectónicos detenidos en los años cincuenta, un parque de diversiones librado al paso de los años, kilómetros de paisajes anclados en la historia. La brújula gira hacia un portón de acero cerrado. Que se abre y descubre detrás de un jardín abandonado un Porsche 356 C -moraleja- también abandonado. El motor de cuatro cilindros fue desplazado, las puertas, desmontadas, se superponen en el interior del vehículo. Sus luces traseras que ya no están habían sido reemplazados por las de un Lada ruso. Su propietario ahora reside en Florida. Aunque solitario y final, el primer Porsche cubano había reaparecido.

 

Un Porsche 356 de 1953 exhibe el paso de los años. Emparchado y pesado, aún funciona

Un Porsche 356 de 1953 exhibe el paso de los años. Emparchado y pesado, aún funciona

En minutos emerge otro dato. Un Porsche 356 esperaba escondido entre palmeras en otra esquina de la isla. La condición, recelo y premura, sin preguntas, sin fotos y un máximo de cinco minutos para apreciarlo. En aparente buen estado, el modelo correspondía a la primera fabricación de Porsche Reutter. La parte trasera de la carrocería está alzada sobre tacos para ahorrar peso a los ejes y los asientos Recaro sorprenden por su modernidad: no tendrán más de 20 años.

Los Porsche florecen del suelo cubano. El relato indica destino inmediato La Habana en persecución del rumor de dos reliquias en uso. Dos 356, antagónicos, mantenían su vida útil. Un modelo beige, impoluto, delicado y protegido, fabricado en 1957. El otro parece un rompecabezas, un mosaico de distintos tonos azules, fabricado en 1953, atravesado por los años y el desamparo. Mientras que uno es reflejo del amor, el otro representa un sacrilegio para los puristas. El beige fue restaurado a efectos de devolverlo a su estado natural. Pero el que quiere ser azul es síntoma de la necesidad: un motor prestado, la pintura aplicada varias veces, parches de masilla y piezas sujetadas por la propia creatividad.

 

Un Porsche 356 beige luce impecable. Fue restaurado a efectos de devolverlo a su estado natural

Un Porsche 356 beige luce impecable. Fue restaurado a efectos de devolverlo a su estado natural

De los treinta Porsches que figuran en la lista de Orlando Morales sólo se hallaron cuatro. Muchos ejemplares fueron evacuados de Cuba en tiempos de revolución. Queda la pista de dos modelos que fueron vistos por última vez con vida en el norte de la isla. La “Operación Porsche” continúa.

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